miércoles 4 de enero de 2012

Vacaciones



La brisa marina mojaba su cara y labios. Nunca me ha gustado este sabor salado – pensó Antonia. Las manos le sudaban y le parecía irónico terminar allí con todo, siendo que nunca le agradó el mar, tan inmenso, tan basto, tan capaz de apagar la sed, pero imposible de hacerlo.
Trataba de no mirar hacia abajo, pues el vértigo que le ocasionaba – (que jamás había estado en conocimiento de éste, hasta ahora), pensaba que la haría caer más rápido de lo que ella tenía en sus planes.
Cerrando los ojos, sintió como su alma (si es que tenía, meditó) trataba de amarrarla a las rocas. Volvió a abrir sus ojos y el cabello se pagaba a la cara gracias a lo húmedo de la brisa, se rió al pensar que podría comprar una casa en la playa, ya que la sensación no fue desagradable del todo…
Apretó su mano y luego extendió sus dedos. Se le mojaron las mejillas, esta vez por las lágrimas que brotaban a borbotones, como si fueran a apagar un incendio. Vió el anillo en su dedo y luego una rabia inundó lo que le quedaba del corazón, ella sentía que era algo así como un octavo de su totalidad.
Paso rápidamente unos recuerdos por su mente y frotó las lágrimas de los ojos, como si se trataran de los mismos recuerdos y las restregó con ímpetu - A la mierda!- dijo lozana y bajando el ritmo en la respiración. Se había preparado toda la semana para ese salto, dejando en “orden”, todo lo que la relacionaba, salvo por el hecho de que no había contado que su estadía a la playa era un viaje de ida y sin regreso.
Hay que ser valiente para esto, pero más para seguir….-Tomó con su otra mano el anillo, que deslizó con lentitud, arrastrando todo lo que vivió, llevándose en el, el peso de las cosas, de su vida, de esos años. Pensó que una amiga le había dicho “no hay nada más grande que el amor” y ella había reído de lo siniestro que era la palabra y lo vacio que era llevarlo al acto. Fue ahí cuando razonó y comprendió con serenidad que es lo que significaba en ella esa frase.
El roquerío la estaba aguardando hace 2 semanas en su planificación y hace 1 había dejado todo finiquitado. Sonrió apacible, saco su lengua y asimiló la sal en sus papilas. Retrocedió unos cuantos pasos y con todas esas ganas que la habían abandonado, reunió fuerzas y tiró el anillo hacia el mar.
Así que no hay nada más grande que el amor, tengo mi amor propio – sonrió satisfecha. El propósito del viaje cambió. Antonia, agradeció el no haber tirado el bolso de viaje y se dijo estúpida. Realmente iba a abandonar todo, porque pensaba que no había más, que gran estúpida.
En este momento caminó hacia la playa y notó que le gustaba el mar. Vió a una pareja recostada, besándose y pensó que le sería insoportable, pero pudo con ello, ya había pasado lo peor. Siguió avanzando sola y ese “sola” ya no era molesto, era suyo, se apropió de sí y regresó a ser quien era.
Recién comenzaba la semana de vacaciones y era tiempo de pasarla bien. La estúpida ya se había lanzado y había quedado Antonia en todo su ser.

jueves 29 de diciembre de 2011

Solo un roce





Miró el tablero, definiendo la mejor jugada para mover su caballo….Analizó los posibles movimientos que podría realizar su oponente, según las piezas restantes del tablero. “Es necesario ser analítica y metódica” se repetía constantemente mientras daba con la casilla a mover.
Tomó la pieza con su mano izquierda y miró de reojo a su rival de tablero. Sonrió tímidamente con sus labios secos y azarosos... sabía muy bien que esa sonrisa no fue provocada por el nervio de no delatar su intención con la jugada… había algo más que ella conocía a cabalidad…
Había entre ellos 64 casillas y 22 piezas restantes que los separaban en distancia física. ¿Hace cuánto tiempo estaba ya sentada en esa silla? (unas cuantas semanas ya había estado así…y rió), fingiendo ser una experta en ajedrez, cuando su “profesionalismo” no llegaba más allá de las partidas de dama que aventuraba a jugar por entretención y en las cuales ganaba la misma cantidad de veces que perdía. ¿Qué hacía sentada allí? Las circunstancias la llevaron a ese momento, no fue la casualidad, nó. Eso no era un factor posible, puesto que ella no creía en la casualidad, todo tiene una razón, un momento para suceder, los hechos son así.
Le tembló la mano, sintió como subía la temperatura de su cuerpo hasta sus mejillas, acalorándolas de un rojo que se le extendió a su boca. El ritmo cardiaco aumento y sentía como si el corazón pudiese salir caminando de su pecho. “Ahora o nunca” fue el pensamiento fugaz que tuvo, siquiera lo meditó, no dió más espacio a análisis ni razonamiento, esa era la oportunidad y si no lo hacía, entonces más nunca tomaría ese valor.
Dejó la pieza en la misma casilla de donde la había tomado y con las manos cogió el tablero para moverlo a otra mesa. Leonardo, levanto las manos y alcanzó a cogerlo cuando éste ya iba rumbo a otro lugar, la miró sin entender y antes de que pudiera decir algo, Verónica, movió su cara y le guiñó un ojo, “espera un poco” le dijo… y es que realmente no era necesario que pronunciara algo, si la situación hablaba por si sola. Siguió con su taquicardia, provocada por su estado de ánimo (extremadamente impaciente) y cuando llegó al mesón a acomodar el tablero giró sobre sí y miró a su oponente…”Aquí vamos”, ese fue el último pensamiento antes de acercarse a él. Con sus manos temblorosas, le tomo la cara con decisión y lo beso sutílmente, como palpando el terreno en busca de la respuesta que esperaba encontrar, o seguir ese ritmo o en la peor situación abortar su cometido.
La respuesta que obtuvo, en sí careció de importancia, una vez que probó la sensación de sus labios en ese roce constante con los de él, no hubo más. Muchas cosas pueden haberse desprendido de la mente de Leonardo, pero carecían de importancia, el hecho en si de manera real, era que respondió a su boca y lo que saliera como palabras después, o reafirmaría lo que estaba pasando o simplemente serían razonamientos de negación. Habían sido buenos compañeros, no sabía si eran amigos a pesar de compartir muchas conversaciones de matiz personal, pero el hecho indiscutible era que los besos habían hablado por si solos y lo demás, simplemente, estaba demás.





lunes 8 de agosto de 2011

Perdoname


Y la pequeña semilla, al caer al suelo, no lograba dar brote.

Luego unas manos cariñosas la tomaron y decidieron darle un lugar en un vasto terreno. Fue regada con amor y con la idea de que creciera fuerte.

La pequeña planta, pronto se apuró en su crecimiento. Sus hojas fueron sanas y fuertes. En muestra de agradecimiento, cada vez crecía mejor.

Las manos le daban el mejor cuidado que podía tener, cariño y compañía.

Pero un día, luego de 3 años, la planta simplemente se desvaneció… Las manos no quisieron entrar en contacto con ella, sin encontrar explicaciones, más que las disculpas que salían de sus labios, con la fuerzo que cobró, decidió tomarla en sus manos y le pidió perdón. Perdón por no saber qué fue lo que necesito para estar más allí, perdón si la última semana fue más distante, perdón si no llego a tiempo para compartir esos últimos momentos, perdón por no haber hecho algo para cambiar lo sucedido…

Perdón pequeña Chiquita, perdóname. Siempre te tengo en mi recuerdo, así como tu foto frente a mi escritorio, así como el recuerdo de tus cosas y sobre todo la ausencia en lo que era nuestro hogar. Tenía la intensión de escribir un texto más hermoso para ti, pero simplemente se hace difícil el pensarte y doloroso el saber que no estás aquí.

Que el hecho de que hayas sido para mí, más que un simple pajarito, si no un ser a quién entregarle cariño y que lo recibieras y me dieras tu cariño a mí, me hizo más que feliz. Estimada hija, ahora, que te escribo esto a ti, aún siento pena…. Y pensar que había dejado pasar el tiempo para tener más valor para hacerlo sin llorar por tu partida… Te amo pequeña mía. Ahora tengo otro angelito más, si alguna vez le pedí a Sasucita que velara por ti, ahora se que están en mutua compañía.

Simplemente, perdóname. Por favor, perdóname por no haber estado ahí. Para mí, sigues estando aún dentro de mí.

martes 10 de mayo de 2011

Seguir



Sonó la alarma del reloj. Era la octava vez que se repetía desde las 10:00 de la mañana. Manuel se acurruco aún más. María a su lado lo miró y le dijo, "Vamos Manuel, arriba amor, levántate", mientras lo miró con una sonrisa que haría subir el ánimo de cualquier depresivo. Le paso la mano por la frente y suspiro, si se podía decir que era un suspiro.

Manuel de alguna manera resintió la caricia y saco la mano para apagar el reloj. tiró la cobija hacía atrás y medito si debía sacar los pies de la cama mientras miraba el techo con mirada perdida. Ella continuaba con sus palabras de ánimo. "Vamos amor, es domingo, está hermoso el sol y está cálido, ve al parque a caminar amor, ve". Él sin escuchar las palabras, miro el reloj, luego la foto al lado de él y cerró los ojos. María miró su rostro y de alguna manera sintió que podía notar que su estómago se le compungía, de alguna manera ella lo creyó...
Manuel se levantó con sigilo, su cara denotaba fuertemente la tristeza que su cuerpo y su alma cargaba. Ella le extendió su brazo y rozó su hombro con la mano, pero él sintió su dolor más fuerte aún. Se enderezo y camino por el pasillo hacia el baño. No hizo ni el intento de colocarse sus zapatillas, prefirió caminar descalzo sobre el piso frío, lo hacía sentir más vivo.
María lo siguió, simplemente quería decirle que lo sentía tanto... que a pesar de como las cosas habían sucedido, no había dejado de amarlo.
Se miró al espejo y noto la barba de cinco días que ya llevaba. Miró las distintas marcas de zapato que habían quedado impregnadas en el piso de cerámica color lima. María había querido ese color, ahora adonde miraba estaba ella, sentía que su pecho ardía, lo superaba la rabia, la falta de comprensión… ¿Por qué? esa era la pregunta que más fuerte se repetía sin respuesta. Miró hacia la puerta y ella le devolvió la mirada pero nada más. Cerró la puerta dejándola afuera sin querer y abrió la cortina de la tina y se quitó la ropa toscamente. Se colocó de bajo el chorro de agua caliente y en algo calentó su corazón. María entró al baño y tapo su cara con ambas manos, ella podía sentir las lágrimas corriendo por su mejilla aunque no podía sentir el calor del baño del vapor concentrándose en él.
Con todas las fuerzas que reunió, escribió sobre el espejo un simple "siempre te amaré, sigue" y supo que eso sería todo, no había nada más que hacer. Manuel lloró como un niño bajo el agua, con su alma rota y un nudo grande en la garganta sin poder siquiera balbucear su llanto. Cerró la llave, corrió la cortina y cogió la toalla que había dejado sobre el retrete para alcanzarla más rápido. Secó su cara y se colocó la toalla en la cintura. Se acercó al lavabo para pasar la mano sobre el espejo cuando vio el mensaje en él. Miró la sala de baño con cara absurda y lloró con más ganas, contemplo el mensaje durante un minuto sostenido, luego abrió la puerta y salió corriendo al pasillo.
-"Quién está ahí, maldita sea no es una broma!"
sus ojos recorrieron en 180° la habitación antes de girar sobre sí y volver a hacer el barrido nuevamente. Camino a la pieza y se sentó en su lado de la cama, miro a su derecha y cogió el portarretrato de su mesa de noche. Volvió a llorar como un niño, esta vez con gemidos y faltas de aire incontrolables entre cada sollozo que daba. Paso la mano por la foto y con todas sus fuerzas dijo "Siempre te voy a amar María, siempre..."
Se recostó con su pelo húmedo y colocó la foto en el costado donde ella debería haber estado durmiendo junto a él. Se acordó de hace 7 días atrás cuando todo había ocurrido, el taxi que volcó al ser colisionado por una ambulancia (que ironía del destino pensó) donde murió una joven y el conductor salvo de milagro. Sé enteró por las noticias; los padres de María llegaron a su casa, él regresando rápido de su trabajo y conteniéndose como pensó que debía hacerlo. El funeral realizado a los dos días después de fallecida y su elección de ser un ermitaño en su propia casa. Y… ahí estaba, tendido en la cama, con un mensaje de María, escrito desde su corazón. Recordó su mirada risueña mientras olía la almohada de ella y volvió su postura en el borde de la cama. Dejó la foto en la mesa y se puso de pie. Siempre la amaría, y ella a él, pero le haría caso y él debía seguir entre su dolor y amor.

jueves 28 de abril de 2011

Venganza


-Quizá no es el momento...- dijo ella soteniendo la manilla de la puerta con la mano.
-Quizá nunca lo fue, pero tenía que intentarlo – respondió, Esteban, mirando hacia el techo.
-El intento queda en nada, si no se logra lo que se añora.
-Por tí valía la pena, en algún momento por lo menos sentí que era así. –Empuñando la mano
-Nunca te prometí una pareja, no te mentí en como fueron las cosas, siempre te dije que soy un alma libre y que solamente si lo sentía, realmente podría intentarlo.
-Acabas de decir que el intento es nada. No merezco intentos Lorena, me merezco hechos reales.
-Nunca te prometí uno… ahora, si eres inteligente, te retirarás antes de herirte más… - abriendo la puerta.
-Y a tí… ¿no hay nada que te arranque un dejo de pena? Me tuviste, no me compartiste, ¡simplemente fui tu capricho.!
-Esteban… una vez más, nunca te dije que no podías estar con otra persona y además–
-¿¡lo hubieras permitido!? Eso me dices! – golpeando con el puño la puerta. Del pasillo del edificio se asomó una señora a ver de dónde provenía el escándalo.
-Esteban de verdad, por favor, no te hagas más daño, entrégame la llave y no nos veamos más. No quiero estar más contigo. No soy desalmada, eres un excelente besador, pero tienes mucho corazón, más de lo que yo podría llegar a tener en 10 vidas. – Lorena extendió su mano y con la cabeza en dirección a la puerta, le hizo un gesto con la mano para que le entregara la llave. – Si no estoy más contigo, es porque no quiero que te involucres más de lo que para mí es necesario.
-Si la quieres, entonces cómetela! – y tiro la llave, al suelo, al lado de los pies de ella. Avanzó hasta el pasillo y una mirada de furia se incendió en sus ojos- ¡Una puta a la que se le paga tiene más clase que tú! me entrega más dulzura que tú! me daría más pasión que tú! ni para una puta te alcanza!
-Esteban… puedes quedarte la llave – y le sonrió a medida que iba cerrando la puerta – pero por lo mismo, yo no te he cobrado – guiño el ojo al segundo que sonó el ruido de la puerta y un pestillo en el pasador.

Lorena respiro profundo, se apoyó en la puerta, se enderezó y se miró en el espejo de la mesa de arrimo que había colocado en la entrada de su departamento y sonrió. Una vez más, se lo había prometido y lo había cumplido. Ningún hombre más en su vida, volvería a romperle la ilusión en su corazón, ahora ella, era quién lo haría.

lunes 14 de marzo de 2011

Antes, a veces, ahora.


Mientras el metro avanza con una “manada” de personas, incluida yo, voy escuchando la música que me gusta, con la canción que me tiene rallada por el momento (que menos mal no la escucho del cd, porque si no, ya no habría pista) se me desarrolla mi abstracción. Me fijo en que las nubes el cielo y el paisaje bajo ellas, notoriamente ha cambiado. Y es que ningún cielo es igual que al del otro día, por más que se acostumbre a decir “podría estar igual que ayer”, no, son todos distintos. Y es que la forma de las nubes, los colores que pigmentan el cielo son diferentes. En cuanto al paisaje bajo éste, es triste a mi parecer. Está plagado de edificios que superan fácilmente los 14 pisos y mira que el paisaje se ve horrible. Antes veía arboles desperdigados como si a alguien se le hubiera caído una raíz de la cartera y saz que creció un árbol, ahora no, es como si a todos estos ridículos de las constructoras en cada pedazo de tierra que encuentran de 4x4, tiran un saco de cemento con agua y hacen crecer en vez de con suerte una casa que cupiera con dignidad, una mole de metros y metros de altura que si posee un poco de suerte, tendrá una jardinera con maleza y quizá alguna flor. Que lata, prefiero ver los techos multicolores de diferentes tipos de casas que la gente tiene a personalizar según sus gustos, y es que es más atractivo a ver un edificio color marrón, que tapa las pocas plazas que hay, parte de la cordillera, las nubes, el paisaje mismo que puedo apreciar desde el metro, o cuando camino por la vereda haciendo quite a la caca de perro.

Era lo que era, el tiempo de las casas se está erradicando, y yo haciendo uso de mi palabra en contra de mis actos, arriendo justo un departamento en un piso 7, que encuentro privilegiado porque veo justo una plaza enorme llena de árboles y al lado de ella un botánico y al frente un santuario, jejeje, igual aun así, no es que me gusten los edificios, pero maldita sea que me salía más económico y seguro.

Ahora, a donde vaya, la comuna que sea, veo una torre, algunas de 4 humildes pisos que rechinan sin tener ascensor y otros que sacando provecho haciendo el negocio del año las hacen de 25 pisos sosteniéndose de los que viven en el 1 por miedo a las alturas(yo diría con latente miedo de que te caiga la torre encima).

En fin, el cemento le está ganando al ladrillo princesa o de barro, es la era de comprar un terreno barato y venderlo caro por unidad. Es la época de los suicidios de los parques, de los colores índigos y del smog, por que para hacerle juego a tanta urbanización es necesario hacer mierda hacia a donde avanzamos.

No es que piense que todo es malo, pero cada vez me pongo más como mis padres, en que “antes las cosas eran diferentes…” ahora según yo, antes se notaba más los matices del cielo, el color celeste, el verde de los árboles y la paleta de colores era más diversa y con mas espacio.

viernes 28 de enero de 2011

Jungla de cemento


El calor es un aliado de la estupidez. Aumenta la temperatura y desvaría el juicio de muchos al verse enfrentados a unos fuertes rayos UV.

La piel se me coloca más morena de lo que la tengo. Creo que hay pocas partes donde aún tengo ese tono original que no sufrio variación de ningún tipo, hasta mi mano en su palma deja de verse rosada como era.

El agua intenta bajar un poco los grados del cuerpo, ahora, si lo logra o no, realmente no lo sé notar, si sé que los litros de agua evitarán que mi proceso de deshidratación sea más lento.

Paseo ahumada y se me pega la goma de los zapatos a las baldosas. Hasta puedo pensar que hace más calor acá, entre todos los que estamos caminando por aquí, entre los innumerables edificios levantados que concentran el calor en sus fachadas y la conservan por horas, entre el hablar de la gente, los ruidos de autos, de lo que sea que quizo ser un sonido agradable, todo suma y sigue a este calor.

El consumo de bebidas aumenta, los helados... y cada vez somos más los gorditos veraniegos que salimos a quemarnos al sol, ya sea porque estamos trabajando, trámites, compras o se les ocurre salir al centro de Santiago a pasear, aunque me cuesta verlo de esa forma, en fin.

Una cerveza que intenta opacar la sed en la tarde, empieza a tornarse rutina y es que ahora, todo vale.

Y así como la temperatura aumenta, aumenta la estupidez, así como quién les escribe a causa de tener un calor que parece infernal.