
Impasible le recorrí la cara. Estaba loca si ella pensaba que no era preciosa, bueno, su nombre ya lo era, Cristina. Siempre me gusto ese nombre, aunque nunca me imaginé como podía ser la cara de una mujer llamada así, pero ya sé como es. Tiene las cejas tupidas pero se siente su delineado. La frente suave y la nariz respingada, una pera que es perfecta de palpar y unas orejas blanditas y suaves. Los labios uf, son del mismo grosor tanto arriba como abajo. Yo creo que son de un color rojo marcado, sí, así son. Las mejillas, le sentí los cabellos que resbalaron en su cara cálida y tersa. Alguien una vez me dijo que encontraría la mujer perfecta para mí y no lo creí, que tonto, la fé nos sirve a todos. Y sus ojos, como almendras, esa es la mejor forma que puedo describir y a eso le sumo su pelo lizo y manejable, realmente es una maravilla.
-No existe alguien mejor en el mundo que podría hacer un mejor retrato que yo - le dije.
_No te burles - Me tomo el brazo con sus manos.
-Cristina, era alegre antes y contigo soy feliz, te amo.
Sentí que se acercó delicadamente y me beso. Lo cierto es que no puedo ver, pero no necesito hacerlo. Cada vez que la quiero ver, la recorro con la dulzura y ella me lo agradece de regreso. Cristina, si, la cara de una mujer que se llama Cristina, es bellísima. Le baje un brazo y le tome su mano. Camino confiando por que se con quién voy. Ella me lleva. Sé que hay más Rodrigos en el mundo que la cantidad de invidentes nacido en Chile, pero no hay otro que tenga más vida y felicidad en su interior de lo que tengo yo.
_En que piensas?, no me digas que en nada.
-En el tiempo que hace, está agradable, cierto?
_Rodrigo, mientes tan bien como te haces el nudo de la corbata.
-Nunca a sido mi fuerte – le sonreí y me arregle el mechón de pelo que se me vino a la frente - Me gusta que esté así, se siente el viento tibio, ojalá que llueva.
_Eso espero.
-No existe alguien mejor en el mundo que podría hacer un mejor retrato que yo - le dije.
_No te burles - Me tomo el brazo con sus manos.
-Cristina, era alegre antes y contigo soy feliz, te amo.
Sentí que se acercó delicadamente y me beso. Lo cierto es que no puedo ver, pero no necesito hacerlo. Cada vez que la quiero ver, la recorro con la dulzura y ella me lo agradece de regreso. Cristina, si, la cara de una mujer que se llama Cristina, es bellísima. Le baje un brazo y le tome su mano. Camino confiando por que se con quién voy. Ella me lleva. Sé que hay más Rodrigos en el mundo que la cantidad de invidentes nacido en Chile, pero no hay otro que tenga más vida y felicidad en su interior de lo que tengo yo.
_En que piensas?, no me digas que en nada.
-En el tiempo que hace, está agradable, cierto?
_Rodrigo, mientes tan bien como te haces el nudo de la corbata.
-Nunca a sido mi fuerte – le sonreí y me arregle el mechón de pelo que se me vino a la frente - Me gusta que esté así, se siente el viento tibio, ojalá que llueva.
_Eso espero.

2 comentarios:
Pues es una historia bonita, sin recovecos. Un pequeño oasis donde me ha gustado estar.
Y desestressa, no sé por qué.
Saludos.
Precioso, en verdad una historia directa y honesta. Me refresca leer tus creaciones, amiga, sigue inventando porque lo haces muy bien y me gusta compartir esta pasión contigo.
Un beso!
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