viernes, 28 de enero de 2011

Jungla de cemento


El calor es un aliado de la estupidez. Aumenta la temperatura y desvaría el juicio de muchos al verse enfrentados a unos fuertes rayos UV.

La piel se me coloca más morena de lo que la tengo. Creo que hay pocas partes donde aún tengo ese tono original que no sufrio variación de ningún tipo, hasta mi mano en su palma deja de verse rosada como era.

El agua intenta bajar un poco los grados del cuerpo, ahora, si lo logra o no, realmente no lo sé notar, si sé que los litros de agua evitarán que mi proceso de deshidratación sea más lento.

Paseo ahumada y se me pega la goma de los zapatos a las baldosas. Hasta puedo pensar que hace más calor acá, entre todos los que estamos caminando por aquí, entre los innumerables edificios levantados que concentran el calor en sus fachadas y la conservan por horas, entre el hablar de la gente, los ruidos de autos, de lo que sea que quizo ser un sonido agradable, todo suma y sigue a este calor.

El consumo de bebidas aumenta, los helados... y cada vez somos más los gorditos veraniegos que salimos a quemarnos al sol, ya sea porque estamos trabajando, trámites, compras o se les ocurre salir al centro de Santiago a pasear, aunque me cuesta verlo de esa forma, en fin.

Una cerveza que intenta opacar la sed en la tarde, empieza a tornarse rutina y es que ahora, todo vale.

Y así como la temperatura aumenta, aumenta la estupidez, así como quién les escribe a causa de tener un calor que parece infernal.

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