
Mientras el metro avanza con una “manada” de personas, incluida yo, voy escuchando la música que me gusta, con la canción que me tiene rallada por el momento (que menos mal no la escucho del cd, porque si no, ya no habría pista) se me desarrolla mi abstracción. Me fijo en que las nubes el cielo y el paisaje bajo ellas, notoriamente ha cambiado. Y es que ningún cielo es igual que al del otro día, por más que se acostumbre a decir “podría estar igual que ayer”, no, son todos distintos. Y es que la forma de las nubes, los colores que pigmentan el cielo son diferentes. En cuanto al paisaje bajo éste, es triste a mi parecer. Está plagado de edificios que superan fácilmente los 14 pisos y mira que el paisaje se ve horrible. Antes veía arboles desperdigados como si a alguien se le hubiera caído una raíz de la cartera y saz que creció un árbol, ahora no, es como si a todos estos ridículos de las constructoras en cada pedazo de tierra que encuentran de 4x4, tiran un saco de cemento con agua y hacen crecer en vez de con suerte una casa que cupiera con dignidad, una mole de metros y metros de altura que si posee un poco de suerte, tendrá una jardinera con maleza y quizá alguna flor. Que lata, prefiero ver los techos multicolores de diferentes tipos de casas que la gente tiene a personalizar según sus gustos, y es que es más atractivo a ver un edificio color marrón, que tapa las pocas plazas que hay, parte de la cordillera, las nubes, el paisaje mismo que puedo apreciar desde el metro, o cuando camino por la vereda haciendo quite a la caca de perro.
Era lo que era, el tiempo de las casas se está erradicando, y yo haciendo uso de mi palabra en contra de mis actos, arriendo justo un departamento en un piso 7, que encuentro privilegiado porque veo justo una plaza enorme llena de árboles y al lado de ella un botánico y al frente un santuario, jejeje, igual aun así, no es que me gusten los edificios, pero maldita sea que me salía más económico y seguro.
Ahora, a donde vaya, la comuna que sea, veo una torre, algunas de 4 humildes pisos que rechinan sin tener ascensor y otros que sacando provecho haciendo el negocio del año las hacen de 25 pisos sosteniéndose de los que viven en el 1 por miedo a las alturas(yo diría con latente miedo de que te caiga la torre encima).
En fin, el cemento le está ganando al ladrillo princesa o de barro, es la era de comprar un terreno barato y venderlo caro por unidad. Es la época de los suicidios de los parques, de los colores índigos y del smog, por que para hacerle juego a tanta urbanización es necesario hacer mierda hacia a donde avanzamos.
No es que piense que todo es malo, pero cada vez me pongo más como mis padres, en que “antes las cosas eran diferentes…” ahora según yo, antes se notaba más los matices del cielo, el color celeste, el verde de los árboles y la paleta de colores era más diversa y con mas espacio.

1 comentario:
El urbanismo se traga lo rural y eso se ve cada día. Es penoso, por eso que hay que aprovechar cada trozo verde de nuestra ciudad, cada árbol, cada planta, cada atardecer, cada lluvia... es lindo saber q en este pensamiento tenemos otra cosa en común ;)
Cuídate y sigue escribiendo!
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