
-Quizá no es el momento...- dijo ella soteniendo la manilla de la puerta con la mano.
-Quizá nunca lo fue, pero tenía que intentarlo – respondió, Esteban, mirando hacia el techo.
-El intento queda en nada, si no se logra lo que se añora.
-Por tí valía la pena, en algún momento por lo menos sentí que era así. –Empuñando la mano
-Nunca te prometí una pareja, no te mentí en como fueron las cosas, siempre te dije que soy un alma libre y que solamente si lo sentía, realmente podría intentarlo.
-Acabas de decir que el intento es nada. No merezco intentos Lorena, me merezco hechos reales.
-Nunca te prometí uno… ahora, si eres inteligente, te retirarás antes de herirte más… - abriendo la puerta.
-Y a tí… ¿no hay nada que te arranque un dejo de pena? Me tuviste, no me compartiste, ¡simplemente fui tu capricho.!
-Esteban… una vez más, nunca te dije que no podías estar con otra persona y además–
-¿¡lo hubieras permitido!? Eso me dices! – golpeando con el puño la puerta. Del pasillo del edificio se asomó una señora a ver de dónde provenía el escándalo.
-Esteban de verdad, por favor, no te hagas más daño, entrégame la llave y no nos veamos más. No quiero estar más contigo. No soy desalmada, eres un excelente besador, pero tienes mucho corazón, más de lo que yo podría llegar a tener en 10 vidas. – Lorena extendió su mano y con la cabeza en dirección a la puerta, le hizo un gesto con la mano para que le entregara la llave. – Si no estoy más contigo, es porque no quiero que te involucres más de lo que para mí es necesario.
-Si la quieres, entonces cómetela! – y tiro la llave, al suelo, al lado de los pies de ella. Avanzó hasta el pasillo y una mirada de furia se incendió en sus ojos- ¡Una puta a la que se le paga tiene más clase que tú! me entrega más dulzura que tú! me daría más pasión que tú! ni para una puta te alcanza!
-Esteban… puedes quedarte la llave – y le sonrió a medida que iba cerrando la puerta – pero por lo mismo, yo no te he cobrado – guiño el ojo al segundo que sonó el ruido de la puerta y un pestillo en el pasador.
Lorena respiro profundo, se apoyó en la puerta, se enderezó y se miró en el espejo de la mesa de arrimo que había colocado en la entrada de su departamento y sonrió. Una vez más, se lo había prometido y lo había cumplido. Ningún hombre más en su vida, volvería a romperle la ilusión en su corazón, ahora ella, era quién lo haría.

1 comentario:
El exquisito placer de la venganza se convierte en una responsabilidad superior a la que podemos entender. Muchas veces el alivio de no ser el afectado nos convierte en peores monstruos de los que tenemos escondidos en nuestros armarios.
Me encantó tu relato, amiga, sigue escribiendo porque aquí estoy para seguir leyéndote.
Un beso.
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