martes, 10 de mayo de 2011

Seguir



Sonó la alarma del reloj. Era la octava vez que se repetía desde las 10:00 de la mañana. Manuel se acurruco aún más. María a su lado lo miró y le dijo, "Vamos Manuel, arriba amor, levántate", mientras lo miró con una sonrisa que haría subir el ánimo de cualquier depresivo. Le paso la mano por la frente y suspiro, si se podía decir que era un suspiro.

Manuel de alguna manera resintió la caricia y saco la mano para apagar el reloj. tiró la cobija hacía atrás y medito si debía sacar los pies de la cama mientras miraba el techo con mirada perdida. Ella continuaba con sus palabras de ánimo. "Vamos amor, es domingo, está hermoso el sol y está cálido, ve al parque a caminar amor, ve". Él sin escuchar las palabras, miro el reloj, luego la foto al lado de él y cerró los ojos. María miró su rostro y de alguna manera sintió que podía notar que su estómago se le compungía, de alguna manera ella lo creyó...
Manuel se levantó con sigilo, su cara denotaba fuertemente la tristeza que su cuerpo y su alma cargaba. Ella le extendió su brazo y rozó su hombro con la mano, pero él sintió su dolor más fuerte aún. Se enderezo y camino por el pasillo hacia el baño. No hizo ni el intento de colocarse sus zapatillas, prefirió caminar descalzo sobre el piso frío, lo hacía sentir más vivo.
María lo siguió, simplemente quería decirle que lo sentía tanto... que a pesar de como las cosas habían sucedido, no había dejado de amarlo.
Se miró al espejo y noto la barba de cinco días que ya llevaba. Miró las distintas marcas de zapato que habían quedado impregnadas en el piso de cerámica color lima. María había querido ese color, ahora adonde miraba estaba ella, sentía que su pecho ardía, lo superaba la rabia, la falta de comprensión… ¿Por qué? esa era la pregunta que más fuerte se repetía sin respuesta. Miró hacia la puerta y ella le devolvió la mirada pero nada más. Cerró la puerta dejándola afuera sin querer y abrió la cortina de la tina y se quitó la ropa toscamente. Se colocó de bajo el chorro de agua caliente y en algo calentó su corazón. María entró al baño y tapo su cara con ambas manos, ella podía sentir las lágrimas corriendo por su mejilla aunque no podía sentir el calor del baño del vapor concentrándose en él.
Con todas las fuerzas que reunió, escribió sobre el espejo un simple "siempre te amaré, sigue" y supo que eso sería todo, no había nada más que hacer. Manuel lloró como un niño bajo el agua, con su alma rota y un nudo grande en la garganta sin poder siquiera balbucear su llanto. Cerró la llave, corrió la cortina y cogió la toalla que había dejado sobre el retrete para alcanzarla más rápido. Secó su cara y se colocó la toalla en la cintura. Se acercó al lavabo para pasar la mano sobre el espejo cuando vio el mensaje en él. Miró la sala de baño con cara absurda y lloró con más ganas, contemplo el mensaje durante un minuto sostenido, luego abrió la puerta y salió corriendo al pasillo.
-"Quién está ahí, maldita sea no es una broma!"
sus ojos recorrieron en 180° la habitación antes de girar sobre sí y volver a hacer el barrido nuevamente. Camino a la pieza y se sentó en su lado de la cama, miro a su derecha y cogió el portarretrato de su mesa de noche. Volvió a llorar como un niño, esta vez con gemidos y faltas de aire incontrolables entre cada sollozo que daba. Paso la mano por la foto y con todas sus fuerzas dijo "Siempre te voy a amar María, siempre..."
Se recostó con su pelo húmedo y colocó la foto en el costado donde ella debería haber estado durmiendo junto a él. Se acordó de hace 7 días atrás cuando todo había ocurrido, el taxi que volcó al ser colisionado por una ambulancia (que ironía del destino pensó) donde murió una joven y el conductor salvo de milagro. Sé enteró por las noticias; los padres de María llegaron a su casa, él regresando rápido de su trabajo y conteniéndose como pensó que debía hacerlo. El funeral realizado a los dos días después de fallecida y su elección de ser un ermitaño en su propia casa. Y… ahí estaba, tendido en la cama, con un mensaje de María, escrito desde su corazón. Recordó su mirada risueña mientras olía la almohada de ella y volvió su postura en el borde de la cama. Dejó la foto en la mesa y se puso de pie. Siempre la amaría, y ella a él, pero le haría caso y él debía seguir entre su dolor y amor.

1 comentario:

AnDRóMeDa dijo...

Tu intención es hacerme llorar el día de hoy??
Excelente relato. La pérdida de una persona que sigue presente de alguna manera, siempre nos deja en el limbo sin saber qué hacer, a quién reclamar, adónde correr, cuánto llorar.