Y la pequeña semilla, al caer al suelo, no lograba dar brote.
Luego unas manos cariñosas la tomaron y decidieron darle un lugar en un vasto terreno. Fue regada con amor y con la idea de que creciera fuerte.
La pequeña planta, pronto se apuró en su crecimiento. Sus hojas fueron sanas y fuertes. En muestra de agradecimiento, cada vez crecía mejor.
Las manos le daban el mejor cuidado que podía tener, cariño y compañía.
Pero un día, luego de 3 años, la planta simplemente se desvaneció… Las manos no quisieron entrar en contacto con ella, sin encontrar explicaciones, más que las disculpas que salían de sus labios, con la fuerzo que cobró, decidió tomarla en sus manos y le pidió perdón. Perdón por no saber qué fue lo que necesito para estar más allí, perdón si la última semana fue más distante, perdón si no llego a tiempo para compartir esos últimos momentos, perdón por no haber hecho algo para cambiar lo sucedido…
Perdón pequeña Chiquita, perdóname. Siempre te tengo en mi recuerdo, así como tu foto frente a mi escritorio, así como el recuerdo de tus cosas y sobre todo la ausencia en lo que era nuestro hogar. Tenía la intensión de escribir un texto más hermoso para ti, pero simplemente se hace difícil el pensarte y doloroso el saber que no estás aquí.
Que el hecho de que hayas sido para mí, más que un simple pajarito, si no un ser a quién entregarle cariño y que lo recibieras y me dieras tu cariño a mí, me hizo más que feliz. Estimada hija, ahora, que te escribo esto a ti, aún siento pena…. Y pensar que había dejado pasar el tiempo para tener más valor para hacerlo sin llorar por tu partida… Te amo pequeña mía. Ahora tengo otro angelito más, si alguna vez le pedí a Sasucita que velara por ti, ahora se que están en mutua compañía.
Simplemente, perdóname. Por favor, perdóname por no haber estado ahí. Para mí, sigues estando aún dentro de mí.

1 comentario:
Ánimo, amiga, aunque suene cliché la muerte es parte de la vida. Mientras la recuerdes y la sigas amando, seguirá contigo siempre.
Un abrazo.
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